Muchas personas tienen bruxismo y no son conscientes de ello. Y tiene bastante sentido: si aprietas o rechinas los dientes mientras duermes, es difícil que te des cuenta por ti mismo. A veces es la persona con la que duermes quien escucha ese rechinar durante la noche. Otras veces, las primeras pistas aparecen por la mañana: te levantas con la mandíbula cargada, dolor de cabeza o una sensación de cansancio en la cara que no sabes muy bien a qué se debe.
El bruxismo aparece cuando apretamos o rechinamos los dientes de forma involuntaria. Y no ocurre únicamente mientras dormimos. También podemos hacerlo durante el día sin darnos cuenta, sobre todo en momentos de tensión, estrés o mucha concentración. Además, no siempre provoca molestias importantes: hay personas con bruxismo que apenas tienen síntomas y que incluso pueden no necesitar tratamiento.
Entonces, ¿cómo puedes saber si tienes bruxismo? No siempre es evidente, pero hay algunas señales a las que merece la pena prestar atención. Algunas las puedes notar en el día a día y otras pueden detectarse durante una revisión. En cualquier caso, si tienes dudas, lo recomendable es que sea un profesional quien valore si realmente existe bruxismo y qué puede estar provocándolo.
¿Cuáles son los síntomas del bruxismo?
Cuando pensamos en el bruxismo, lo primero que suele venirnos a la cabeza es el desgaste de los dientes. Sin embargo, no siempre es la primera señal que aparece. A veces lo que notas es que te levantas con la mandíbula cargada, que te cuesta moverla con normalidad o que empiezas el día con dolor de cabeza.
Algunas señales a las que puedes prestar atención son:
- Dolor o cansancio en la mandíbula, sobre todo al despertar.
- Sensación de rigidez al abrir o mover la boca.
- Dientes desgastados, aplanados, fracturados o más sensibles.
- Dolor o tensión en los músculos de la cara.
- Molestias en la zona de la articulación temporomandibular (ATM).
- Dolor de cabeza, especialmente por la mañana.
- Rechinar los dientes durante la noche, algo que muchas veces detecta antes la persona con la que duermes.
El dentista puede comprobar si tus dientes presentan un desgaste compatible con el bruxismo y valorar también el estado de la mandíbula. Pero hay algo importante: que te duela la mandíbula no significa necesariamente que tengas bruxismo. Hay otros problemas dentales y alteraciones de la articulación temporomandibular que pueden producir molestias muy parecidas.
Por eso es importante valorar el conjunto de los síntomas y no quedarse únicamente con una señal aislada. En algunos casos, si además existen problemas relacionados con el descanso, puede ser conveniente estudiar posibles trastornos del sueño, como la apnea.
¿Por qué aparece el bruxismo?
Es bastante habitual relacionar directamente el bruxismo con el estrés. Y aunque el estrés y la ansiedad pueden influir, no todo el bruxismo aparece porque estemos estresados.
También pueden estar relacionados los hábitos de sueño, algunos medicamentos o determinados trastornos del sueño. Por eso, cuando el bruxismo empieza a provocar molestias, conviene intentar entender qué está pasando en cada caso en lugar de centrarse únicamente en “dejar de apretar los dientes”.
Además, no todo ocurre mientras dormimos. Durante el día también podemos pasar bastante tiempo con los dientes apretados sin ser conscientes de ello. Puede suceder mientras trabajamos, conducimos o estamos muy concentrados delante del ordenador.
Puedes hacer una pequeña prueba: de vez en cuando, fíjate en cómo tienes la mandíbula mientras trabajas. ¿Están tus dientes apretados? ¿Notas tensión? Simplemente tomar conciencia de ello puede ayudarte a identificar un hábito que hasta ese momento te había pasado desapercibido.
Cómo dormir para evitar el bruxismo
Una de las dudas más habituales es si existe una postura mejor para evitar el bruxismo. ¿Dormir de lado? ¿Boca arriba? En realidad, no hay una postura concreta que garantice que vas a dejar de apretar o rechinar los dientes mientras duermes.
Tiene más sentido prestar atención a cómo duermes en general. Mantener unos horarios relativamente regulares, intentar llegar a la cama con menos tensión y evitar ciertos estimulantes por la noche son pequeños hábitos que pueden ayudar a cuidar la calidad del sueño.
Entre las medidas de autocuidado que recoge Mayo Clinic se encuentran precisamente mantener buenos hábitos de sueño y evitar sustancias estimulantes por la noche. También señala que el alcohol puede empeorar el rechinamiento en algunas personas.
Y si duermes con alguien, puedes hacer algo todavía más sencillo: preguntar. Muchas personas descubren que rechinan los dientes porque su pareja lo escucha durante la noche.
Si, además, existen ronquidos intensos, pausas en la respiración u otros problemas relacionados con el descanso, conviene comentarlo con un profesional, ya que puede ser necesario mirar más allá del propio bruxismo.
¿Cuáles son los ejercicios más efectivos para el bruxismo?
Más que buscar “el mejor ejercicio para el bruxismo”, conviene pensar qué queremos conseguir con él. En muchos casos, los ejercicios se utilizan para reducir la tensión, mejorar el movimiento de la mandíbula y aprender a mantenerla más relajada.
Algo tan sencillo como prestar atención a la posición de reposo de la mandíbula puede ser un buen comienzo. Si descubres que pasas largos periodos con los dientes apretados, intenta relajarlos conscientemente. También pueden utilizarse movimientos suaves de apertura y cierre, ejercicios de control de la mandíbula, estiramientos o automasajes.
Cuando además existen problemas en la articulación temporomandibular, el ejercicio terapéutico puede ayudar con el dolor y la movilidad.
Ahora bien, esto no quiere decir que exista una tabla de ejercicios que funcione igual para todo el mundo. Si tienes dolor, la mandíbula se bloquea o te cuesta abrir la boca con normalidad, es mejor no empezar a hacer ejercicios por tu cuenta. Lo que resulta útil en un caso puede no serlo en otro.
Y hay otro matiz importante: el objetivo de estos ejercicios no tiene por qué ser simplemente “dejar de rechinar los dientes”. Si existen molestias relacionadas con la ATM, también pueden utilizarse para recuperar movilidad, disminuir el dolor o mejorar el control de la musculatura.
¿Cómo es la fisioterapia para el bruxismo?
Cuando además de apretar o rechinar los dientes aparecen dolor mandibular, mucha tensión muscular, dificultad para abrir la boca o dolores de cabeza, la fisioterapia puede ayudar a trabajar algunas de esas molestias.
En estos casos puede utilizarse la fisioterapia ATM, que empieza por algo bastante sencillo: valorar cómo se mueve la mandíbula, qué ocurre al abrir y cerrar la boca, cómo responde la musculatura y dónde aparecen las molestias.
A partir de ahí, el tratamiento no tiene por qué ser igual para todo el mundo. Puede incluir terapia manual, ejercicios de movilidad, trabajo sobre la musculatura, ejercicios para mejorar el control de la mandíbula o algunas pautas sencillas para continuar en casa. También puede ser interesante revisar la zona cervical cuando existen molestias relacionadas.
Asimismo, pueden intervenir distintos profesionales. El dentista, por ejemplo, puede valorar el desgaste y el estado de los dientes; la fisioterapia puede trabajar sobre el dolor, la movilidad o la musculatura; y, si hay indicios de un problema relacionado con el descanso, puede ser necesario estudiar también el sueño.
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